Michel Leiris
NOVIEMBRE DE 2001
por Phillippe Ollé-Laprune
NOVIEMBRE DE 2001
Pienso en diagramas.
Esta es una flecha, como un tunel: sale de la inocencia y va dilatándose hacia algo que no sabe lo que es, a través de bares, braserías, prostíbulos... posiblemente ese lugar hacia el que se dirige sea la decepción. La flecha termina en Vézelay, en una escalera un hombre anciano sonríe, dice que la risa es la respuesta. Está enfermo, morirá pronto. La luz del sol de verano entra por la ventana de la biblioteca y lo acaricia.
Toda novela es una argumentación. Incluso una falsa argumentación. Sin argumentación se hunde el andamiaje.
Por Vicente Jarque (extracto de la revista Arte y Parte de septiembre 2009)
I ELLA DANZABA…
“Sophie dansait et rêvait/… Sophie dansait le rêve/ du maître du labyrinte/… Elle dansait et rêvait/ un triangle, un rectangle, un rectangle dans un cercle…”, escribió Jean Arp en un poema dedicado a su mujer. Muchas veces había insistido en esa capacidad de su esposa para la danza, y en la manera en que todo su arte habría quedado impregnado de ella. Por nuestra parte, podríamos comenzar este comentario tirando del hilo que nos ofrece una conocida imagen, la de Sophie Taeuber danzando un poema de Hugo Ball,
Gesang der Flugfische und Seepferdchen (Canción del pez volador y los caballitos de mar) en la galería Dada, Zúrich, 1917.Las palabras de Ball, que ella debía seguir (muy distintas de las que Arp, quien la amaba, se molestó en concebir) venían a ser como éstas: “tressli bessli nebogen leila/ flusch kata/ ballubasch/ zack hitti zopp…”, o bien: “zitti kitillabi billabi billabi/ zikko di zakkobam/ fisco kitti bisch”. Etc. Noventa, o como casi cien años después de tan elocuentes como ininteligibles propuestas, sabemos bien que la poesía propiamente dicha, tal vez por razones de simple supervivencia, no ha insistido demasiado en ellas (aunque el
arte, por qué no, sí lo ha hecho). En cualquier caso, en la fotografía de que hablo Sophie Taeuber aparece con (o más bien se oculta tras) una tan bonita como desagradable máscara de inspiración negra, africana, diseñada por Marcel Janko, y enfundada en un traje bastante imposible, con unos brazos a modo de prótesis, en forma de tubos impracticables. Y, aun así, danzaba.Esto resulta tanto más relevante cuando se compara esa imagen con la más célebre del mismo Hugo Ball declamando su poema
Karawane (“jilifanto bambla ô falli bambla/ grossiga m’pfa habla harem/ égiga goramen…”), ataviado con un vestido de cartón enfáticamente rígido, entre cónico y cilindriforme, que le hacía semejante a “un elisco” (decía), provisto de una especie de solemne mantón al cuello y de una suerte de alta tiara (“una cofia de chamán”, decía) en la cima de su cabeza. La performance (1916, todavía en el Cabaret Voltaire) discurrió según lo previsto: entre gritos y risas. Pero la cuestión es que Sophie Taeuber danzaba en la suya, mientras que Hugo Ball no lo hizo en ésta ni por asomo (en realidad, de esa guisa ¿cómo podría?), sino que se mantuvo hasta el final erguido, firme, impasible “ante esta multitud de bonitas muchachas y serios equeño-burgueses [sic]… inmóvil como Savoranola, fantástico y puro” (Hans Richter). La comparación entre esas dos imágenes la desarrolla Ruth Hemus en su texto sobre el cabaret dadaísta y sobre el papel de las mujeres en esos ambientes. Ella tiende a subrayar, con razón, la ambigüedad del papel de lo femenino en aquellas viejas performances suizas en donde, por una parte, los señores artistas reclutaba colaboradoras (como la Taeuber, por ejemplo, para danzar) en cuanto que atávicos exponentes de lo genuino, inmediato, natural o expresivo (de la belleza, de la sexualidad), mientras que, por otra, cubrían sus cuerpos en función de sus radicales conceptos artísticos y los anulaban hasta convertirlas en tristes metáforas de la muñeca sin vida, de la máquina y del movimiento mecánicamente fragmentado. Pero, aun así, esas mujeres danzaban. No obstante, en sus referencias a las actuaciones de Sophie Taeuber, Ball incide más bien es los aspectos que hemos llamado“expresivos”. En su danza reconocía una “delirante extravagancia”, o el “paroxismo de una bella caprichosa burlona demencia”, una gestualidad“llena de deseo romántico, grotesco y arrebatado”. Por otra parte, en un programa relativo a una de aquellas sesiones en la galería Dada, el propio Ball sostiene, a propósito de la intervención de Taeuber, que “un golpe de gong basta para estimular el cuerpo del danzante para producir los más fantásticos movimientos”; y añade: “La danza se ha convertido en un fin en sí mismo”. ¿Un fin en sí mismo? ¿Desencadenado por un mero golpe de gong? Pero en ese caso, y aun en ausencia de música (y de poemas onomatopéyicos), y por mucho que se pusiera al servicio de un concepto más universal del arte, la danza aparecería considerada como un arte autónomo, con sus reglas específicas. Es decir: lo contrario de lo que se pretendía en el contexto de la vanguardia dadaísta, con su tendencia a esa suerte de amtkunstwerk tardía e invertida, en donde cada una de las artes habría de renunciar a su propia tradición y ponerseal servicio de una obra global en donde cada elemento habría de olvidarse de su peculiar organicidad para entrar en una fragmentaria y eventualmente azarosa interactuación con cualesquiera otros. De hecho, si me he extendido en estas consideraciones sobre la danza, ha sido con la intención de subrayar una singularidad que puede servir para iluminar el conjunto de la trayectoria de Sophie Taeuber. Puesto que, a diferencia de sus amigos dadaístas del Cabaret Voltaire y de la galería Dada, ella bien podía introducir la auténtica danza en aquellos espectáculos: no como una dimensión estudiada, intelectualmente provocativa (a la manera de Ball), sino como un saber hacer autónomo. Como algo que, en efecto, había estado antes aprendiendo por su cuenta, y por mediación de la bailarina Mary Wigman, con el coreógrafo Rudolf von Laban en Monte Verità (cerca de Ascona) y en Zúrich. Éste, Laban, destacaba entonces por sus propuestas renovadoras,aunque un tanto confusas,basadas en presuntas conexiones con la danza primitiva, los cultos paganos, un cierto espiritualismo vagamente esotérico, un tanto inepto desde el punto de vista filosófico (aunque bastante menos que la paupérrima teosofía de Mondrian), pero también paradójicamente orientados hacia la codificación gráfica del movimiento humano, es decir, de cuando el ser humano baila: son conocidos sus esfuerzos de “notación” de la danza a semejanza de la notación musical, lo cual daba como resultado unas series de kinetografías que se presentaban en forma de rectángulos, triángulos y figuras geométricas rítmicamente dispuestas (unas imágenes con las que, dicho sea de paso, mantendrían semejanzas algunos de los diseños de Sophie Taeuber para L’Aubette).Va a ser como una bola de espejitos en el techo. Gira, gira.
Bulevares oscuros, taxis que pasan y salpican y, al fondo, la tan hermosa e inútil Porte Saint Denis, Breton dixit...
Y la nave va...
http://ubu.artmob.ca/sound/breton_andre/Breton-Andre_Interview_1950.mp3
Pienso igual que una chica levanta su vestido. Llevado a sus últimas consecuencias, el pensamiento es el impudor, la obscenidad misma.
G. Bataille
Hace dos días empecé a escribir otra novela -la tercera-. Tres principios de novela y siempre el terror a no ser capaz de volver a escribir. Como si todo lo anterior fuese casual. Nunca es suficiente. El miedo a ser una impostora...
En el fondo daría igual. ¿Por qué va a ser necesario escribir? ¿no es suficiente con estar vivo? Pero la idea de que, a lo peor, no volveré a hacerlo me deja destrozada.
Como los japoneses que sólo son capaces de vivir a través de una lente...
Y de pronto, ya llevaba un par de páginas, me di cuenta de que me había olvidado de todo el tralalá del bosque y el embudo. Donc, he parado.
Hoy, en el metro, recordé algo más: las emboscadas. Irse cayendo en agujeros, socavones, mangas negras. Escribir bolsillos profundos, donde meter la mano (al final el forro estaba descosido y se salen los dedos).
No hay clave al enigma. Nada es concebible fuera de la "apariencia", la voluntad de escapar a la apariencia lleva a cambiar de apariencia, no nos acerca a una verdad que no es. Fuera de la apariencia no hay nada. O: fuera de la apariencia está la noche. Y: en la noche, no hay nada más que la noche. Si hubiese en la noche alguna otra cosa que el lenguaje pudiese explicar, aún sería la noche. El ser es solamente reductible a la apariencia, o no es nada. El ser es la ausencia que las apariencias disimulan.
¿Por qué novelas? Porque permiten la elisión, la dilación, el remansamiento.
El cuento no me interesa, el buen cuento no es más que un alarde de ingenio. No hay que ser ingenioso. No hay que querer ser ingenioso.
Hay que ser simplemente temporal. Poner las velas y dejar que la cadencia te conduzca.
Dejar hacer al tiempo, alguna clave de todo esto reside en el tiempo, en la reiteración, en la cadencia. Y también en lo no dicho. Palabras alrededor de la figura omitida.
Novela bosque, ovillo, madeja, la diana dibujada en el agua de la que hablaban los ultraístas.
Sueño mucho. Con masas de agua o de aire por las que avanzar. Navegando o a brazadas.
A veces vuelo, o me dejo caer como un pájaro borracho. Hay casas amarradas a las rocas. Muy pequeñas.
Los pensamientos de la gente, en ese mundo, se conectan por tubos orgánicos, calientes. Las diferentes realidades se replican las unas a las otras, en espejos.
À sa mère qui lui demandait un jour ce qu'il fallait comprendre dans Une saison en enfer, Rimbaud aurait répondu :
"J'ai voulu dire ce que ça dit, littéralement et dans tous les sens !".
DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS
Me declaro católico ferviente
no comulgo con ruedas de carreta
me declaro discípulo de Marx
eso sí que me niego a arrodillarme
capitalista soy de nacimiento
loco por las perdices escabechadas
me declaro discípulo de Hitler
eso sí que rechazo las imitaciones
soy un agente clandestino soviético
no me confundan eso no con el Kremlin
en resumidas cuentas
me declaro fanático total
eso sí que no me identifico con nada
la palabra Dios es una interjección
da lo mismo que exista o que no exista.
de Hojas de parra (Santiago, Ganímedes, 1985)
Correr es el único placer verdaderamente solitario. Su contrapartida física resulta deliciosa: animalidad, nocturnidad, fatiga…
Y al mismo tiempo, como casi todo lo físico, correr es una actividad profundamente interior, que nos conduce por pasadizos sombreados, caracoleantes, tuertos, por escaleras empinadas que penetran hacia una parte de uno mismo que visitamos poco.
En soledad. Entre los árboles oscuros.
Recuerda que su madre la cogía en brazos y la llevaba bailando por el pasillo dando vueltas…
Fantin Latour va a estar en el Thyssen este otoño. No sé si vendrá su “Coin de table”.
Recuerdo ahora -Fantin Latour me ha hecho recordar- mi primer viaje a París, en 1988. Tenía yo 17 o 18. Era verano, estaba hambrienta como una hiena y era rubia.
Recuerdo que, en esos días de julio, peregriné buscando a Rimbaud por todas partes. Visité su tumba encalada en Charleville. Difícil encontrar huellas suyas por las Ardenas, donde resuena aún el clamor de las guerras prusianas y del 14/18, bosques oscuros que Rimbaud recorría a pie como sonámbulo.
De vuelta a París: y nada por el Boulevard des Italiens o de Sebastopol. Sin embargo algo se podía intuir de su rabia en los dortoirs, en los jardines de Cité Universitaire, en las bocas de los jívaros, de los argelinos, de los rusos.
Había visto aquella imagen en algún libro. Finalmente la encontré a tamaño natural en el Museo d’Orsay. Rimbaud nos mira desde allí, acodado a una mesa, eternamente adolescente, con el ceño fruncido y aquellos ojos de rabia contenida y de desprecio. El había visto la “parade sauvage”. ¡ La había visto!! Nosotros, el resto del mundo, no éramos más que comparsas en el juego. ¡El tenía la llave del antiguo festín!!
Alguien contó alguna vez, quizás fuera Izambard, quizás Verlaine, quizás Germain Nouveau -que terminó mendigo y santo a la puerta de la iglesia de Pourrières- que esa misma noche, y si no fue esa noche, otra muy parecida, Rimbaud saludó cada verso leído por los otros con un “merde”.
Supongo que demasiada intensidad es inaguantable. El no pudo aguantarlo. Se marchó.
Waterfront Toronto Marathon & Half Marathon 27 Sep 2009
Medtronic Twin Cities Marathon, Minneapolis 4 Oct 2009
Bank Of America Chicago Marathon 11 Oct 2009
Marine Corps Marathon, Washington D.C. 25 Oct 2009
The ING New York City Marathon 1 Nov 2009
R’n’Roll San Antonio Marathon & Half Marathon 15 Nov 2009
R’n’Roll Las Vegas Marathon & Half Marathon 6 Dic 2009
Dallas White Rock Marathon 13 Dic 2009
Walt Disney World Marathon & Half Marathon 10 Ene 2010
Chevron Houston Marathon & Half Marathon 17 Ene 2010
The ING Miami Marathon 31 Ene 2010
AT&T Austin Marathon 14 Feb 2010
Maratona Di Roma 21 Mar 2010
Marathon de Paris 11 Abr 2010
Boston Marathon 19 Abr 2010
The Virgin London Marathon 25 Abr 2010
"Cualquier actividad, por mundana que sea, si dura lo suficiente, se convierte en un acto contemplativo, meditativo incluso".
Haruki Murakami (De qué hablo cuando hablo de correr)
La musicóloga y multifacética alemana Suzanne Richter es una amante de la lengua castellana y, además, viajera incansable, ya faltaba más. Ha recorrido los Andes y las arenas del Océano Pacífico. Y sabe Dios cuántos miles de kilómetros a través del planeta. En su última estancia en Madrid descubrió este libro: “Madrid Blues” de la escritora gallega Blanca Riestra. Lo ha leído con emoción y nos regala en las siguientes líneas sus puntos de vista sobre la obra. El asunto cae a pelo porque salgo para la capital de España en unos días, así que me ambientaliza la semana para pasar unos días placenteros en Madrid. Actualmente Suzanne Richter expone sus fotografías sobre París en la ciudad de Friburgo, sur de Alemania, hasta el 8 de setiembre de 2009 en la exposición titulada “Le PARIS quotidien, le PARIS insolite” (1).
MADRID BLUES – UN LIBRO DE BLANCA RIESTRA
por Suzanne Richter
“Madrid Blues” es un libro para sumergirse en sus aguas desde la primera página: Los aficionados de la capital española podrán pasearse a traves de los barrios, avenidas y calles a través de un par de protagonistas autóctonos y extranjeros que están a la busca de algo: dinero, amor, del sentido de vida, del cumplimento de una obligación. Pero es la cuidad misma la que es el personaje principal de esta novela: “ciudad más despreocupada del mundo, la más salvaje” (pag. 82).
Con estas descripciones detalladas entramos a conocer por ejemplo la Gran Via, “los cristales sucios de Callao (pagina 13), “...hacia arriba, Callao y las viejas salas de cine, enmoquetadas, recorridas por los ratones, y los edificios señoriales convertidos en prostíbulos baratos” (pag. 22). Malasaña es un “barrio raro” caracterizado “con bullicio nocturno, los vómitos en la calle y los cascos de cerveza por la mañana los domingos” y que tiene como corazón la plaza San Ildefonso. “Madrid lucía fresca en aquellas primeras horas de la noche. Con sus taxis libres, sus octavillas electorales inundando las aceras, sus pandillas de pijos perfumados, sus punkies sentados en los portales y todavia sobrios. » (página 21).
« Las calles de Madrid resplandecen a esa hora en que la noche parece nueva: la hora en que abren las salas de baile de Alcalá y empiezan a fluir las colas de viejas endomingadas con ganas de enfilar una lambada. » (pag. 22). La calle de Montera está descrito como el « paraíso de la pequeña delincuencia con arterias cálidas y picantes como el chile. Todas las putas eran de su edad o mas jóvenes, negras, rusas, hispanas, amarillas, con los gruesos muslos repretados en ligueros y plataformas de corcho o de madera. Los chulos se mantenían a una distancia prudencial por el móvil en idiomas extraños. Planificaban negocios, regateaban precios.”
La autora tambien menciona el Circulo de Bellas Artes (“pag. 200: ...es el edificio más bello del mundo”), el Café Comercial, el Corte Inglés. pag. 185: “Madrid, aquel día, parecía excepcionalmente vivo, con una fruición a prueba de sobresaltos, que se transparentaba en el ritmo de los autobuses, en la vibración del cielo, en las carreras de los perros tirando de sus dueños. (...) Madrid era así, una ciudad con un pulso arrebatado, donde todos nos reinventábamos todo el tiempo.” “Era miércoles, y sólo en la plaza de Santa Ana los guiris se emborrachaban todavía con sangría, y en los tablados en torno de la Plaza Mayor vibraban con olés de tres al cuarto (pag.206) ».
El lector acompaña a traves la cuidad a Marga, la fotógrafa ; y Violeta que trabaja en una oficina en la Gran Vía, está con Carlos, el novio de Marga que se pasea con un libro y vive en la calle Doctor Fourquet, sigue Jusef, un chaval musulsmán que salió de Tanger hace diez años y que siempre lleva una pistola en el bolsillo. Se encuentra con el gay viejo Germán (plantado por su novio y que vivía de decorar locales y reformar pisos) con un niño perdido que espera horas y horas a su madre. Estamos juntos con Carlos y Chema Revuelta, un famoso periodista de fútbol, en el estadio, donde el último confiesa a su amigo: “Sabes qué?... mi mujer me ha dejado”. Los caminos de los personajes se cruzan, convergen y se separan de nuevo. Pasan varias veces por la plaza Lavapiés donde « la noche de Madrid es una enciclopedia viva, una cucaña, un hormiguero.” (pag. 29). Las relaciónes entre las mujeres y los hombres en esta novela no están claras, sino complicadas, todavía a definir. Pero las descripciones de personas sin nombre, callejeandos o visitantes de bares, evocan una pasión y intensidad, p.e. pag. 30 : « En otra mesa cerca del fondo dos estudiantes se besaban entrelezando las lenguas llenas de pendientes. Parecían ajenos de todo, amartelados en el lejano país de los veinte años que flotaba sobre la taberna como un dirigible ».
Hay frases que te tornan pensativo - o más fuerte - que podrían arrancar: “Estábamos todos tan ocupados en nuestros propios asuntos que apenas mirábamos a los alrededores” (pag. 79). O un viejo dice (pag.100): “Mira, niña, que Madrid no es una ciudad cualquiera, que es como una pirámide de cartas que, si quitas una, se desploma”. O en la pagina 143, María Luisa, una adivina de televisión, asusta a los espectatores con un inciso imprevisto en su emisión: “No os dais cuenta, pero el día de hoy es un día muy especial, y os recomiendo a todas que améis con especial calor a vuestras parejas y a vuestros seres queridos en general, como quien dice. (...) Aún más, os recomiendo que hoy hagaís lo que os plazca, pensad que hoy es un día hermosísimo, que, aunque no sea cierto, hoy pudiera ser el último día de nuestras vidas ». Los responsables de la tele le cortan la voz.
Carlos se dice (pag. 202) « que Madrid era enorme, una cuidad en duermevela donde cualquiera podía perderse y no ser encontrado nunca, nunca”.
Estos son algunos ejemplos para mostrar que una cosa inefable y fea pasaría en breve en la ciudad y que todos serían afectados por los eventos. Solamente los últimas paginas del libro dan informaciones concretas acerca de eso. Pero se hace notar desde la primera página una tensión, un anuncio vago.
“Acaso sabemos lo que el destino nos depara? Nadie lo sabe. Tampoco sabemos el tiempo que nos queda. Por eso a veces la vida se diluye en momentos que parecen fugaces y se concentra en otras que parecen eternos, sin sentido. Es absurdo. Para tener un propósito – bueno o malo -, una razon para luchar, uno tiene que haber perdido ya toda esperanza » (pag. 155).
Casi al final (pag. 223), fluye un último presentimiento antes que el lector reciba la certeza del tema en el que la autora está girando alrededor a través de más de 200 páginas:
“Pidieron dos cervezas y las fueron bebiendo, entre besos, sorbo a sorbo. Sin hablar. En torno a ellos el mundo chisporroteaba. Sería así siempre para ambos, eterno y carnal, resplandeciente. Allá afuera, el cielo de Madrid brillaba lleno de bruma dionisiaca, de magia negra.”
Blanca Riestra: Madrid Blues. Alianza Editorial, Madrid 2008
(1) Ausstellungstext_Paris_Publik 1.Jul...
Publicado por LITERATAMBO en 0:09
All passion spent de Sackville West, The sound and the Fury y As I lay Dying de Faulkner en un único volumen, ideal para llevar en el bolso, Crime and punishment, The tragedy of King Richard the second, La prisonnière des Sargasses de Jean Rhys, Hôtel Savoy y Le poids de la grâce de Joseph Roth, una primera edición póstuma (Gulp!!) de Alèm de Sà-Carneiro, otra de 1945, en Ática, de A Confissao de Lúcio, La metafísica oriental de René Genon...
Además: tres pares de luvas de piel de cabritilla en Ulysses y un par de anillos de oro portugués en Araújos, un joyero diminuto y oscuro, de la rúa Áurea
http://latormentaenunvaso.blogspot.com/2009/07/los-espectros-leonid-andreyev.html
¿Por qué nada ni nadie está exactamente donde está? Los momentos en que el mundo coincide con todo nuestro estar dentro de él, como dentro de un tiesto, con los pies bien plantados, se llaman felicidad. Estar en el mundo fisicamente, completamente, no mirando desde fuera, es ser feliz. Pero eso es raro, la entrada a la representación, o a la sensación de representación, se nos veda casi siempre.
¿Qué hace que una novela funcione? ¿Su perfección argumental? ¿que esté acabada? No, cierta alquimia que te arrastra a la cima de una construcción, como a la cima de una montaña de basura, y te hace sospechar que los delirios más obtusos tienen sentido.
Mejor ni buscarlo ese sentido, allí está físicamente, palabra a palabra, ante tus ojos.
Nicolás Melini, Salmón y Burque juntos en un fotograma de Magnolia.
http://delamanchaliteraria.blogspot.com/2009/07/estoy-aqui.html
Cuenta Bataille que, un día sin lluvia, volviendo a casa, con el paraguas negro abierto, ni siquiera demasiado cansado y sin haber bebido nada, se quedó parado en medio de la rue de Rennes, y dejó que el paraguas negro abierto le cayese sobre la cabeza como un gorro. Se quedó allí parado y lo acometió una risa como de loco. Fue una experiencia mística. De golpe, imaginó todo lo más horrible, lo más inhumano, lo más horrendo, y fue como si los naipes fuese cayendo de uno en uno y al final de todo lo más extremo, sólo quedó una única posibilidad: Dios.
Lo más horrible, lo más horrendo, dice Bataille, es caer en la cuenta de que, hagamos lo que hagamos, no somos más que hombres...
Una extraña conversación sobre salchichas de Frankfurt motorizadas, Hollywood Boulevard y maquinas expendedoras de calzoncillos en Japón.
Y sin embargo, ¿por qué esta necesidad de palabras? Envidio al soldado, al asesino, al niño que se encarama a las verjas y se desgarra las costuras.
Para Hemingway, el borracho, un sólo día sin escribir en las terrazas de Saint Mich' era un día desperdiciado, regalado a la muerte.
Sobre la escena del texto no hay rampa: no hay detrás del texto alguien activo (el escritor) ni delante alguien pasivo (el lector); no hay un sujeto y un objeto. El texto caduca las actitudes gramaticales: es el ojo indiferenciado del que habla un autor excesivo (Angelus Silesius): "el ojo por el que veo a Dios es el mismo ojo por el que Dios me ve".
Roland Barthes. El placer del texto.
Lo que cantan los pájaros es que, por el momento, el libro se acabó, el libro ha quedado suspendido. La petición de indulto ha sido aceptada. No, a pesar de todo, no podemos quitarnos la máscara, está demasiado bien sujeta, pero podemos olvidar que existe y sentir el viento del alba entrando por las junturas. No somos de piedra, disfrutamos de los árboles. El mundo más allá del Sena está hecho de rastrojos dorados, de mieses deslumbrantes, de lejanos hayedos donde el corazón palpita. En las lecherías de las granjas las niñitas mojan sus dedos en la leche, la despojan de su nata; bajo la mirada de un hombre, una chica ríe pues ha sido sido colmada hace tan sólo un rato, los monstruos humanos olvidan que son monstruos. El mundo no necesita de la prosa.
Pierre Michon. Corps du roi.
En el fondo me doy cuenta que siempre he escrito sobre una sola cosa: la oscuridad. Es fácil. Para hablar sobre la oscuridad, no hay más que abrir las ventanas y dejar que entre.
En el fondo una novela no debiera tener que tratar más que sobre sí misma, ser como un poema, como una canción, como una víspera, como una catedral hecha con palillos. Una catedral hecha con palillos no es un homenaje a Chartres o al espíritu del hombre, sino que es más bien sólo ella misma, toda construcción, asombro: con patas y cabeza y cierta suerte de equilibrio. Toda lógica hay que buscarla dentro de ella misma.
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No debería ser difícil para un buen lector encontrar a Mss Barnes en el periplo que le propone la aventura literaria porque una lectura lleva a otra, un autor invoca a otro y seguir la estela que deja, en la inmensidad de esta manifestación artística, una obra o un autor, es como encontrar el cabo de una madeja desmadejada llena de hilos de colores e intentar resolverla. Se lo sigue con tranquilidad, y la certeza de que hay estelas que no se borran nunca y nos proponen viajes irrepetibles que siempre podrán emprenderse. Puntualizar cómo la encontré sería hacer perder el tiempo al lector que recorre estas líneas, porque fue de una manera fortuita y extraliteraria. A partir de ese momento, las primeras noticias que tuve, a través de la red, se relacionaban con su condición de lesbiana y feminista. En tercer lugar aparecía la referencia a su tarea literaria, casi siempre aplaudida, aunque con cierta discreción. Creo que la información sexual es una información prescindible a la hora de juzgar la calidad de un escritor, una vez aceptada, por lo menos teóricamente, la realidad de que el sexo se reduce a ser una entidad anatómica, cromosómica y hormonal natural, y que la perorata que ampara la ponzoñosa teoría de que la dualidad de los sexos se establece a través de la historia en un discurso dudosamente científico al servicio de intereses políticos y sociales, está superada, a partir de ese punto de superación, podremos entender que hemos alcanzado un horizonte casi impensable en 1936 y es reconocer en el Bosque de la Noche, ya libres de prejuicios, una obra de arte literaria sin más adjetivos. Por eso, lo único que no resulta de ningún modo prescindible es que se trate de una escritora con talento, pues una las busca ávidamente. ¿Por qué es Barnes tan estigmatizada? Cómo expresar los prejuicios que les asaltaron, y nos asaltan, al leer a Barnes , cómo omitir la dificultad de su prosa selecta y la incomodidad de su realidad, cómo consentirle a alguien que se ha negado a pagar el peaje de los elegidos y los elogiados, que ocupe un sitio privilegiado en nuestras minúsculas erudición. Lo que le sitúa a Barnes donde está, en el desconocimiento casi general, es un vendaval de ofuscaciones y desganas, porque Barnes es una escritora genial, una artista genuina y su obra es toda esencia. Increíblemente eso es lo que le hace impopular, ya no entre los lectores que más o menos están a merced de esas estelas de las que hablábamos al principio, sino entre sus propios compañeros de oficio. ¿qué hay que buscar y encontrar en el Bosque de la Noche? Hay que buscar la elegancia en la expresión, la sutileza en el mensaje, hay que encontrarse ante los abismos que el alma hambrienta propone y él hombre desheredado depone. Y naufragar en cada línea y emerger en la siguiente y dejarse llevar por el oleaje de un mar desmemoriado, sin islas ni continentes, en una noche oscura con en el corazón impaciente de un bosque: el de la noche de la vida en el Bosque de la Noche. Es Barnes la bestia artística sin tapujos, el arte sin la parafernalia del artificio mediático, el superventas que nadie se ha preocupado de vender. Sus compañeros de oficio, a pesar de respetarla e inspirarse en ella la dejaron de lado: Faulkner, por ejemplo, habla de ella desfavorablemente aunque el estilo de su propia prosa le pertenezca claramente ( ejemplos preclaros en el `Villorio´ y `El intruso en el polvo´) , y ahí está su editor T.S. Eliot que para hacerse un espacio en el libro de Barnes de 1.600 palabrillas, que es lo que ocupa su prologo, necesita el sitio de 125.000 de la escritora. Se la condena al silencio y ese silencio nos llega intacto hasta hoy y nos priva de la información que nos aproxima a su obra. Efectivamente Barnes no gozó de un círculo de críticos dispuestos a trabajar en su obra y encumbrarla como se merece… efectivamente, quizas hoy, quizas vaya llegando el tiempo de Djuna Barnes. Su prosa no es vacua, habla de seres humanos, de una manera poco intelectual porque Barnes es la antiintelectualidad; lo que ella escribe es la vida tal y como es, quizá por eso a veces haya a quien resulte morbosa, morboso y realidad no son sinónimos aunque parezca que sí en ocasiones, más de las deseables. Ese es el don el B. de la N: su lucidez. A pesar del encostramiento verbal que utiliza no hay dobleces en su prosa, percibir de las situaciones y de las personas una realidad desnuda y trasmitirla al papel con singular claridad es el milagro de la creación literaria en manos de la artista llamado Djuna Barnes. Escribe en cuatro géneros distintos, le gustan los aforismos y lo epigramático. A veces, solo a veces, me recuerda a Austen, quien lea a Austen sabrá porqué. Los escritores que reverencia son Joyce y Synger, con el primero comparte ante el lector esa duda que surge ante la obra recién terminada de leer: uno no sabe si tiene poco argumento o es que es demasiado, porque sujetan las riendas de la bestia con tanta firmeza que uno puede galopar si avanzar prácticamente, por un universo cuya esencia es el alma misma del ser humano, su capacidad de prolongación en los limites del lenguaje es un hecho poco frecuente y para disfrutar, que solo se puede paladear en plumas selectas como la de Mss Barnes o Joyce… para entender bien a Barnes, quizá había que recurrir a Joyce. ¿Qué decir de `El boque de la noche´? Podemos hablar de su argumento, de sus personajes, de sus estructura, del tipo de lenguaje… podemos… pero yo creo que es mejor reconocer, sin tecnicismos dejando fluir la magia, a que ámbitos nos transporta, cómo nos acomodamos en ellos, cómo nos maravillamos ante el poder de la palabra, creer en él, en ese poder, es posible al leer a Djuna Barnes. Podemos decir que cuando uno lee `El bosque de la noche´ oye como el aire ruge ferozmente afuera, una lluvia fría azota los cristales, como no hay luna y la noche es un hecho impenetrable y constante; en mitad de esa tempestad uno se siente a salvo enganchado a sus páginas, dentro de algún sitio indefinido, al amor de un fuego indefinible. Solo mientras dura la lectura, al concluirla, la tempestad se hace evidente y cada uno apechuga con su tormenta como puede, el que no quiera reconocerla es mejor que no lea a Barnes, porque te roba la ingenuidad. `El bosque de la noche ´ es una historia de amor con todo lo que eso implica, la historia de amor nunca mejor contada. Cristina Flantains
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http://www.canal-literatura.com/Articulos_interesantes/la_maldicion.htm
Una novela por la que caerse, por la que resbalar. La superficie de una de esas copas gigantes por donde resbalan los skaters.
O bien que te engulla, como una planta carnívora. Y que después solo se vean los gruesos labios humedecidos y el lenguetazo...
Eso *************
http://bernardovillanueva.blogspot.com/2009_05_01_archive.html
El blog maravilloso de Bernardo Villanueva. De visita obligada. Poemas y fotos con un fondo amargo, carnal, hipnótico, rabioso, triste.
Llevo más de veinte años tratando de explicar
Qué es este fuego
No es fuego de jardín
No es fuego fatuo
Se queda en casa
Los sábados y los domingos
Y sólo se pone a chisporrotear
Cuando monto en avión
Cuando miro por la ventana
Y veo esas nubes
Blancas como esputos
Mi fuego no conoce la belleza
Bueno, quizás la conozca
Pero no la ama
Piensa en ella con desprecio
Y, sin embargo,
si se la encuentra,
Prendida sobre un charco
o atravesada por un cuchillo de cocina,
no puede evitar
ese latigazo de verga que es
un poco también
Desesperación y asco.
Supongo que la ama un poco, al fin y al cabo,
y eso me extraña
Pues la belleza no pasa de ser
y tú lo sabes
Una excusa cualquiera
Una sirvienta.
En un día parecido a otros muchos, B se levanta. Nota algo distinto, una especie de pesadez anómala. Como si la mañana se hubiese convertido en un estado de ánimo titubeante. B es una persona razonable. Se ducha, se viste, desayuna y va caminando hasta su trabajo en algun plaza de Madrid llena de palomas. Al lo largo del día mira cientos de veces por la ventana que no se puede abrir, y ve en la acera de enfrente a un mendigo que dormita ajeno a todo, en su nido de cartones, en un soportal frente a una fuente. B no se hace muchas preguntas. Continúa con el ritmo cotidiano mientras el día va avanzando y con él esa extraña sensación de que algo va a ocurrir, algo va a asolarlo todo.
El regreso a casa es más premioso. B se detiene en un kiosko y compra una manzana y un periódico. Camina con la mano derecha en el bolsillo y la izquierda aferrada a la cartera.
Leo la última página de Submáquina y cierro el libro. Contengo la respiración. La historia de Tiffani Figueroa es mucho más que una historia de frontera, fuertemente influenciada por 2666 de Roberto Bolaño, por Lynch, por Altman. Se trata de otra vuelta de tuerca, quizás la definitiva, al cacareado nuevo modelo de novela fragmentaria del que tanto se ha hablado en los últimos tiempos. Varios capítulos con nombres de piezas en un ingenio letal que es la misma novela y que se caracteriza por una prosa prieta y brillante, por una textura dionisiaca y violenta. El debate de si estamos ante una novela o un libro de relatos es francamente cansino. ¿Qué más da? Yo veo ahí, desde luego, una novela de las que me interesan -pero claro, yo soy novelocéntrica, yo veo novelas por todas partes-, y para mí Submáquina es un paso más en esa articulación radial sobre un centro inefable que significó Nocilla dream, y que corrobora que no se trataba de un experimento aislado sino que la ficción en nuestro país, aunque sea marginalmente, se está moviendo hacia esos límites.
La puerta hacia esa nueva manera de entender la narración bebe, por supuesto, de antepasados lejanos, como no ha dejado de mencionar la crítica ¿Experimentación? John Dos Passos lo inventó todo en materia de collage y de superposiciones y de viñetas. En cuanto a la concepción enmarañada de la novela, la radialidad extrema estaba ya presente en el delicioso y oscuro Nightwood de Djuna Barnes, todos ellos textos de los años treinta del SXX y estoy citando sólo a algunos de mis clásicos. Pasaré por alto referencias más obvias y recientes.
Pero de manera más cercana en el tiempo, esta concepción de la novela como remolino, como fourre-tout, ha sido despertada, al menos en nuestro país, suscitada, provocada, a mi parecer, directamente por las novelas largas de Roberto Bolaño, o quizás por la edición que realizó de la última, 2666, Ignacio Echevarría. Si las novelitas que la componen hubiesen sido publicadas, en su momento, como deseaba su autor, de una en una, adiós al invento y nuestro gozo en un pozo. Cuestión de azar.
Una noche de 2006, en un bar de Albuquerque, bebiendo tequila reposado con Francisco Goldman, su mujer Aura Estrada y la editora Barbara Epler, les conté mi certeza de que las maxi-novelas de Bolaño funcionaban como los dibujos de los extraterrestres en los campos de trigo de Arkansas o de Texas, cuyo diseño sólo puede verse a vista de pájaro. Esa era la magia para mí de esas dos maravillas verbales, donde el lenguaje, funcionaba como vegetación que debe ser podada con tijeras… como papel plegado que se recorta y luego, al desplegarse, se convierte en una greca.
Se preguntarán, aparte de la temática americana, de la estructura no lineal, de la elaboración de un espacio simbólico fronterizo, muy cinematográfico, en torno a la frontera de Estados Unidos con México, donde estaría encarnado ese abismo negro que es el mal, el misterio, la belleza, la muerte, ¿qué une a estas dos obras de Bolaño con Nocilla dream o, en este caso, con Submáquina? Pues, francamente, creo que no hay más que dejarlas hablar: las cuatro están construidas en torno a un centro vacío, son radiales, y configuran ese centro significativo por pura omisión, lo van delimitando al rodearlo.
A mi entender, las cuatro novelas son artefactos donde el espacio, no el que describen, sino la configuración del espacio dentro de la misma narración es completa y absolutamente significante. Se trata de novelas de espacio puro, casi podría decirse que matéricas. No sé si esto es nuevo pero estoy convencida de que está omnipresente en esta nueva manera de escribir “sitios”, -mucho se ha hablado de espacios virtuales, de micronaciones, de ínsulas, de de territorios fronterizos-, no en vano, son éstas narraciones que edifican espacios, piedra a piedra, espacios metafóricos que significan cosas.
Esta construcción se lleva a cabo mediante una especie de síndrome de Diógenes elevado a la enésima potencia, las novelas son mercados de pulgas interminables, vide-gréniers, rastrillos, desvanes, cajones sucios donde alguien va guardando figuritas de pastel de boda con trozos de dulce podrido, se edifican mediante la familiaridad detallista, casi depravada, con los objetos, que, acumulados, son metáfora perfecta del mundo. Y es que las cosas de las que hablaba Perec, se han multiplicado y asaltado nuestras vidas y nos envían todos los días cientos de mensajes. La ternura en estos textos, se desplaza, de las personas desencarnadas, apenas entrevistas, hacia los objetos.
Son los objetos los que cuentan las historias, los chicles de bola, las barras de labios de color Sleeping Beauty, los zuecos ortopédicos de la Repa, el anorak donde Poucca guiña un ojo de una adolescente, las guanteras de los coches con suspensión hidráulica… Se trata de una manera de narrar donde la mirada se disloca y se va por las esquinas, técnica no ajena a la pluma sucia de los cuentistas americanos, y pienso en Carver y en Cheever, pero también en Flannery O’Connor. María Zambrano hace ya muchos años dijo que el poeta llega mucho más lejos que el filósofo porque se aferra a los objetos. En este sentido, estas novelas son absolutamente poéticas, no sólo por su perfecta materialidad, sino porque nos hablan de lo abstracto sin necesidad de nombrarlo, quedándose sólo en la textura rugosa de la acumulación. Macrosignos.
Siempre he detestado el término novela fragmentaria porque creo que de lo que se trata es justamente de todo lo contrario. Par mí, Nocilla dream es una novela global, no una novela fragmentaria, tiene ínfulas de comprehensión, quiere abarcarlo todo. Lo mismo ocurre con las dos maxinovelas de Bolaño, aunque quizás esto sí que es evidente. Bolaño nunca ocultó su fascinación por la novela total decimonónica y escribió dos mobidicks contemporáneas que quitan el hipo. En cuanto a “Submáquina”, yo no sé si es una novela global, bueno, sí: estoy segura de que no lo es, pero desde luego tampoco es una novela fragmentaria puesto que funciona con una unidad exquisita y de una manera tan tensa y redonda que muchas otras novelas de espíritu tradicional (planteamiento, nudo o desenlace) ya la quisieran para sí. Más bien yo diría que Submáquina es una novela prismática, caleidoscópica, como una de esas lámparas bolas de espejitos que podrían iluminar alguno de los tugurios alfombrados de los que está lleno el texto de García Lovet.
Además, Submáquina no es sólo una novela de género, subvertida, negra, sino que es un espléndido ejemplo de antiliteratura femenina, y esto me encanta por lo poco común, donde se toma como base formas evidentemente masculinas y como referencia cánones femeninos, negándolos, pervirtiéndolos, mutándolos. No en vano a Tiffa la desvirga un taxista cerca de un matadero (¿por qué me recuerda este pasaje a la Campana de cristal de Plath?), Tiffa se pinta las uñas de rojo en un diner, Tiffa se tiñe el pelo de rubio, Tiffa estuvo casada tres veces. En ese sentido García Llovet está reescribiendo las reglas de lo que ha de ser la escritura de género, y en ese sentido es digna hija de las grandes narradoras marginales del XX, autoras que tomaron el mundo que les había tocado en herencia y fueron revolucionarias, malvadas, masculinas, promiscuas, duras. Pienso en Djuna Barnes, pienso en Jane Bowles, pienso en Jean Rhys, en Carson MacCullers que fueron autoras rabiosas de romper los moldes y de pegarse hasta con las paredes.
Para concluir: subyace en Submáquina un espíritu deliciosamente antididáctico y antialeccionador, aura que también impregna todo Bolaño, una cierta épica de la destrucción, diría yo, cierta fascinación oscura. Son textos que conllevan el acercamiento o el directo chapuzón en la violencia, no para condenarla, o para extraer conclusiones morales, como quería la literatura “bienintencionada” que nos asola desde hace 25 años y que no parece haber dejado de dar sus últimos coletazos.
Estos retratos de mundos extremos, bajos fondos, crímenes cotidianos, pobreza y mierda, no son alegatos en contra o a favor de la justicia en el mundo, sino que son retratos de cómo es el mundo, instantáneas de un vertedero desolador, viñetas expresionistas, bellas. Parece que el autor y el lector se acercasen tímidamente y luego, sin melindres, a husmear el olor de la basura, y a menudo encuentren que este olor es delicioso.
-General, si queda algún viejo cañón en tus derruidas fortalezas, bombardéanos con bloques de tierra seca.¡Contra las vitrinas de los espléndidos bazares! ¡Contra los salones! Hazle morder el polvo a la ciudad. Oxida las cañerías. Llena los tocadores de ardiente polvo de rubí...
¡Oh, la mosquita ebria en el meadero del albergue, enamorada de la borraja y disuelta por un rayo!
A Rimbaud.
SOBERBIA. Necesidad. Capricho. Resistencia.
Hacerlo todo. Contarlo todo. Cantarlo todo. Creerlo todo.
Precisión.
Nada esperar.
JM Ullán
SAN SEBASTIÁN.- La alpinista vasca Edurne Pasaban ha logrado hacer cumbre en el Kangchenjunga, de 8.586 metros, junto a otros compañeros de la expedición entre los que se encuentra Juanito Oiarzábal.
La página web de la alpinista guipuzcoana confirma a las 13:15 horas que Pasaban y otros compañeros de la expedición han logrado hollar la cumbre de esta montaña situada en la cordillera del Himalaya, la tercera más alta del planeta.
Con un "¡Ahora sí! ¡Ya están en cumbre! ¡Confirmado! Todos bien. Inician el descenso", los expedicionarios que mantienen contacto con Pasaban y su equipo anuncian el logro de este reto en la página que la alpinista tiene en internet.
Al parecer, uno de los miembros del equipo, Ferrán Latorre, se ha adelantado y ha pisado la cumbre antes que Edurne Pasaban, Juanito Oiarzabal, Alex Txikon, Asier Izagirre y Jorge Egocheaga.
Pasaban y sus compañeros descienden ahora al campo cuatro, situado a 7.800 metros de altitud, un tramo que días atrás definió como "muy duro y largo", con un "terreno muy complicado y que este año, además, tiene zonas con muy poca nieve y con mucha roca".
Con esta cumbre, la alpinista guipuzcoana ha conseguido sumar su duodécimo 'ochomil', y sus familiares en Guipúzcoa, que aún no tenían confirmación de la noticia ya que esperan que ella les llame cuando llegue al campo 4, han expresado ya a Efe su "gran alegría" por este nuevo logro.
Tres meses removiendo los más de 50.000 metros cúbicos de arena de un área semi desértica de la periferia de la ciudad de Albuquerque (Nuevo México) han servido para destapar un tétrico escenario de crimen: una fosa con los restos de 12 mujeres hispanas que constaban como desaparecidas entre el 2001 y el 2006.
La búsqueda comenzó después de que una mujer descubriese un hueso mientras paseaba a su perro por la zona de West Mesa, a las afueras de Albuquerque. Al sospechar de que se trataba de un hueso humano, hizo una foto y se la mandó a su hermana, enfermera, que le confirmó sus sospechas. A partir de ahí, comenzó la investigación policial.
Se trata de la fosa más grande jamás hallada en los Estados Unidos, tal y como informa el Corriere della Sera. Es una fosa de unos ocho metros donde se han encontrado los restos óseos de doce mujeres, una de ellas embarazada.
Tras finalizar la búsqueda el 25 de abril, de momento han sido identificados siete de los cuerpos: Monica Candelaria, de 21 años; Cinnamon Elks, de 31; Verónica Romero, de 26; Vistoria Chávez, 28; Doreen Márquez, de 27; Jiulie Neto, de 23 y Michelle Valdez, de 22 y embarazada de cuatro meses.
Las tesis policiales indican que todas fueron asesinadas y que se siguió un mismo patrón, ya que todas son mujeres jóvenes, hispanas, se conocían entre ellas y vivían en el suburbio de War Zone, una de las peores zonas de la ciudad, marcada por las drogas, la violencia y la prostitución.
La muerte de Antonio Vega, esperable, nos ha dado a todos de pleno como un mazazo. La verdad es que no entiendo la razón, yo ya no lo escuchaba desde hacía mucho tiempo y sin embargo...
¿Qué es lo que se muere con Vega? ¿qué es lo que añoramos todos en vidas como la de Vega? ¿la osadía del suicidio? ¿será que el heroismo de la autodestrucción nos atrae, incluso a los más cuerdos?
El jueves pasado estuve en el Penta, fue una noche triste, guardé duelo por mí misma, por todos nosotros, por los años de Punto Tres, por aquella manera que teníamos de jugárnoslo todo a una carta, por aquella manera feroz de ser inocentes. Reí y canté, recordé a gente que ya no veo desde hace años, a amigos muertos de entonces como Toñito Blanco que se murió tan joven.
Bataille diría que la muerte nos tiene fascinados, que nos asusta y nos llama como canto de sirena.
Correr por unos pasillos llenos de vegetación que ocultan la luz del cielo, un laberinto de hojas, sólo veo el agujero serpenteante frente a mí. El suelo está humedo, pedregoso. Voy corriendo.
Escribir últimamente: Como revolver las piezas de dominó, el ruido sobre la mesa, aleatorio. Barajar. Construir un edificio con tente, desequilibrado, se cae, le salen cuernos... ¿Por qué? Porque sí.
Es el instinto del espacio lo que me guía. Los personajes hormiguean, a vista de pájaro.
¿Llegaré algún día a la salida? ¿Seré capaz de embestir con todas mis fuerzas la salida?
Ayer me comentaba Tony Mares que el poema nunca está en una línea recta sino que aparece cuando vas a la compra y te saluda.
Las palabras, sobre todo las más pequeñas, cómo crean trenes, se encadenan en capas y otras capas se enroscan sobre ellas. Y el tiempo, los ritmos.
Ser capaz de buscar las palabras en la calle.
También el deseo. No se puede escribir sin deseo. La enfermedad del escritor es el deseo, ¿el hambre?
¿Es posible escribir sin hambre?
Aquello que nos hace tan especiales es precisamente nuestro mayor defecto de fábrica, la caducidad. Si no fuese por eso, seríamos esfinges sin misterio. Los hombres son fascinantes porque van hacia su desaparición. Dinamita de reloj, dijo Larrea.
Salve, Casavella.
Mañana me voy a comer la novela. Todo está conectado, palabras llevan a palabras, todo sigue el mismo hilo rojo de los barcos aquellos hechos trizas. Una borrachera que te haga escribir como quien grita. Con aquel fervor que te hacía vomitar.
Logan, Hijuelos, Jewelleen, los gemelos asesinos, Dimitri, el mendigo de la calle cuarta.
Si lo que estoy escribiendo fuese un poema en prosa se acabarían todos mis problemas de encaje. Pero, mejor pensado, ¿no es toda buena novela un poema en prosa?
No sé si esa es la respuesta.
¿Qué hago? ¿dejo el andamiaje? Dejarlo es dar pie a la ironía. No sé si quiero ironía. Más bien prefiero la sentenciosidad que tienen los textos sagrados. Los comentarios delegitiman: sólo dejar silencio entorno a las palabras.
No cejar en la idea de bosque, si abandono el deseo de materia, ¿cómo trazo los dibujos?
Dos Passos. No voy a meter collage. No mola, hay que echarle huevos. Que todo salga del mismo sitio. Una catedral construída con palillos.
En el fondo los personajes son meras máscaras, como en un acto sacramental. No profundizar. El verdadero personaje es la cadencia.
Estoy dibujando círculos sobre campos de trigo.
Por una vez en la vida voy a dejar que la novela crezca sola, con toda voracidad, y que cubra los agujeros de las ventanas con yedra y que tapice todos los claros del bosque con brezo y con zarzales y que las alimañas se coman las unas a las otras por todas partes, en el bosque.
Escribir todavía
Recuerdo que mi obsesión por la escritura nació de un libro negro con una mosca de colores. Se llamaba las Iluminaciones de Rimbaud y llameaba desde la mesilla de noche de mi hermana mayor, llamándome a gritos.
Escribir es como caminar a ciegas entre muebles, tanteando las paredes de los cuartos, presintiendo siempre a lo lejos, un huerto cerrado, inalcanzable.
Esta conferencia pretende ser un paseo por la oscuridad y por la luz de la escritura, por sus certezas y por sus emboscadas. Me gustaría hacer un balance de estos últimos 20 años de camino, calibrar las elecciones que me han llevado hasta aquí, las cosas que he sacrificado, reconocer también aquellas que se han ido imponiendo por sí mismas.
Blog literario para amantes de la noche, la cerveza y los jardines. Furor y misterio es el título de un poemario de René Char.
Philippe K Dick rules
Extraña canción y clip inquietante: De Montreal, Past is a strange animal...
Amo a este hombre!!!
Cómo reunir un millón de dólares.
Encuentro de Iria Flavia, julio 2008
Enjuto Mojamuto tiene una agenda apretada
Cat Power canta Lived in bars
Maravilloso Poppa Neutrino.
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